La fabricación de comales en Neutla, Guanajuato
En esta primera entrada describiremos el proceso de elaboración de los comales de barro en la comunidad de Neutla, Comonfort, Guanajuato.
El municipio de Comonfort, Guanajuato, es conocido principalmente por la fabricación de molcajetes. Sin embargo, en la comunidad de Neutla, a unos 6 km de la cabecera municipal, existe una tradición que sobrevive a pesar de que la modernidad se empeña en desaparecerla. Se trata de la fabricación de comales de barro. Nuestro anfitrión en este viaje fue Jesús Sandoval, perteneciente a la cuarta generación de fabricantes de este importante utensilio de cocina.
La jornada comienza
muy temprano por la mañana, pero en esta ocasión, Jesús nos esperó un poco y
salimos cerca de la 7 y media rumbo al yacimiento de arcilla, el banco de
material donde se extrae la tierra para hacer los comales. Una vez ahí,
descubrimos que el yacimiento es muy reciente, una pequeña área de extracción
de tierra negra que apenas se reconoce en el paisaje. Tiene una profundidad de
aproximadamente cincuenta centímetros, pero se extiende a lo largo de varias
decenas de metros. La extracción se hace con pico y pala. Se recolecta el
material en dos costales de polipropileno, se cargan en el burro y comienza el
viaje de vuelta a casa. Aunque, ciertamente, en esta ocasión dejamos descansar al animal de carga y transportamos el material en una camioneta.
En décadas anteriores, las áreas de
extracción se encontraban más alejadas de la comunidad. Se habían trabajado por
tanto tiempo que era necesario utilizar una escalera para continuar con las
excavaciones. Esos eran otros tiempos... tiempos en que decenas de artesanos
hacían comales. Ahora solamente nuestro anfitrión sigue con esa actividad. Así
que, por su cuenta y con mucha paciencia, fue experimentando con las distintas
tierras de los alrededores de Neutla hasta encontrar la que se adaptaba de
manera ideal a su forma de trabajo.
Ya en su casa, el artesano extiende un plástico negro sobre el suelo de un área techada del patio. Vacía ahí los costales de tierra y comienza el molido de la arcilla. El proceso es muy básico, pero sumamente cansado (me consta). Con una rama seca de aproximadamente 2 metros de altura y un diámetro máximo de 10 cm, se apalea el montón de tierra. El objetivo es desbaratar todos y cada uno de los terrones que vienen en el material. Entre tanto y tanto, es necesario volver a amontonar la tierra para seguir con la tarea de dar de golpes. El proceso dura lo que tiene que durar... en este caso fue cerca de veinte minutos que, en lo particular, me pareció eterno.
Luego de ello, el material se criba con ayuda de una malla de mosquitero metálica colocada de tal manera que las piedras y terrones caigan al suelo, mientras que el material cernido se acumula en una carretilla. El polvo tan fino hace una nube que lo cubre todo, pero es solo un momento.
Sobre el polvo
cernido, se vierte un poco de agua y se deja en reposo por unos minutos. Después
de eso el barro se comienza a batir. Es apenas un preamasado del barro que
tiene por objetivo humedecer homogéneamente las partículas de arcilla. Una vez
que el polvo se ha convertido en barro por completo, se comienza el amasado. Se
separan bolas de aproximadamente cinco kilos de barro y con una serie de
movimientos regulares, se amasa sobre la mesa de trabajo, permitiendo que la
humedad sea homogénea y que salgan todas las bolsas de aire que pudieran
existir en la mezcla. Estas bolas de barro o "testales", se guardan
en bolsas de plástico para conservar la humedad.
La mesa de trabajo es
un círculo de cantera de aproximadamente unos 80 cm de diámetro, recubierta con
una fina capa de cemento pulido y colocada sobre la mitad de un tambo de metal
de 200 litros. El artesano coloca a su lado todos los implementos necesarios:
una pequeña cubeta con agua, otra con almagre (el pigmento que colorea de rojo
las piezas) y una más con estiércol de vaca o caballo seco finamente molido.
Las herramientas son también muy
sencillas: un olote adelgazado, una cucharilla de albañil para limpiar la mesa
y tablitas delgadas con un clavo en cada extremo que servirán como compás
cortador.
Se coloca una ligera capa de estiércol finamente molido sobre la mesa de trabajo (este material se
ve como si fuera pasto molido, no huele a nada extraño, por si se lo
preguntan). La función de este material es evitar que el barro quede pegado a
la mesa y se rompa al retirarlo. Sobre esa capa se coloca una bola de barro
amasado y comienza una serie de palmadas sobre ella, haciéndola girar de vez en
vez para golpearla homogéneamente, cuidando también su circularidad. Este
trabajo se hace hasta formar una tortilla de barro de aproximadamente 1 cm de
grosor.
Formada esa torta de
barro, con la mano, se vierte un poco de almagre sobre la superficie, para
después extenderlo con el olote, al mismo tiempo que se alisa la pieza. A
continuación, es el momento de usar el compás. Se entierra uno de los clavos
sobre lo que será el centro de la pieza y se hace girar, de tal manera que el
clavo del otro extremo corta el barro, formando un círculo perfecto. Se retira
el excedente. Se sigue alisando la superficie y el borde de la pieza con la
mano húmeda hasta lograr un círculo de bordes redondeados.
La siguiente labor es
el moldeado. El suelo del taller se encuentra cubierto de arena seca. En ella,
Jesús hace una concavidad bien redondeada con ayuda de un fragmento de comal.
Pasa a la mesa de trabajo y retira con mucha habilidad la tortilla de barro y
la coloca sobre esa concavidad. Dependiendo de la profundidad del hoyo en la
arena, será la altura que tenga el comal. Las piezas de barro se quedarán
en ese lugar para su secado, que se puede extender hasta quince
días, dependiendo de la humedad ambiental.
Una vez secas, las
piezas estarán listas para ser quemadas, pero ese proceso se describirá en otra
entrada de este blog.







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